Las últimas campanadas

Todos los años, esta misma noche, antes de las campanadas, me asomo al balcón y allí lo veo, sentado en el banco del viejo puente del río. Un hombre atractivo, elegante… El agua fluye despacio bajo los arcos, sin prisa, como si quisiera detenerse y saludar al hombre.

Son casi las doce de la noche. En la calle vacía resuenan los ecos de villancicos lejanos, chocar de copas y besos sonoros de buena suerte. Siempre quise preguntarle… ¿Esperas a alguien?

Esta vez me armé de valor y me decidí a bajar y hablar con él.


-¡Hola! -Me dijo con la mejor de sus sonrisas.

- Hola! Esperas a alguien? -Me atreví a preguntar.

- Desde hace mucho tiempo vengo a sentarme a este banco la última noche del año. -El hombre pareció recordar y su gesto se tornó melancólico pero al tiempo se le iluminó, como si aquél recuerdo lo hiciera trasladarse a un pasado feliz. Me cogió las manos, a lo que no puse objeción, y continuó su historia.- Nos gustaba despedir el año aquí, donde nos conocimos. Pedir un deseo que siempre era el mismo… poder despedir el siguiente, aunque el resto del tiempo no pudiéramos estar juntos. No pedíamos más. Sabíamos que no podíamos hacerlo y con que se cumpliera ese nos conformábamos.

- ¿Y dónde está ella ahora?

- Hace seis años que ese deseo no se cumple, hace seis largos años que ella no viene a sentarse conmigo. Pensaba que se había ido a vivir a otra ciudad, que ya no volvería a verla. Aún así, vengo cada año. Hoy he creído ver su figura en la ventana, en el mismo lugar donde siempre se asomaba y me hacía la señal para indicarme que bajaba a pedir nuestro deseo juntos… Al mirar al balcón y verla allí, apoyada en el quicio de la ventana del viejo edificio, como si formase parte de un cuadro en el que la ventana y la casa pierden el equilibrio sin su figura… tenía la esperanza…

Mis manos se separaron de las de aquel hombre. Las llevé hasta mi pecho y sentí los latidos por todo el cuerpo. Traté de respirar y calmarme, ya no podía contener las lágrimas.

- Algo me decía que tenía que bajar. No sabía qué era. Desde el balcón te miraba y, por alguna extraña razón, sentía una atracción irresistible. Era como si necesitase estar aquí, contigo…

-Te pareces mucho a ella. –me dijo, sonriendo una vez más.- ¿Por qué no ha vuelto aquí, como siempre? ¿Dónde está?

-¡Está aquí!

Volví a coger las manos ahora temblorosas de aquel hombre y las llevé hasta mi pecho. Entonces noté cómo mi corazón se aceleró de nuevo. Y sentí igualmente el corazón de él. Y los latidos de ambos parecían conocerse.

- Este corazón que ahora late con fuerza, es el de mi madre. Hace seis años sufrimos un terrible accidente, ella murió en el acto y a mí me salvó su corazón.

En ese momento comenzaron a sonar las campanadas. La una… La dos… El hombre apartó sus manos. La tres… La cuatro… Miró a mi madre en mis ojos. La cinco… La seis... Acarició su rostro en el mío. La siete… La ocho… -Sabía que no te irías sin despedirte.-susurró. La nueve… La diez… Deseo…- La once… -Estar juntos de nuevo el año que viene, pero esta vez para siempre.- Dijo con la última campanada.

Feliz año nuevo!!!! –Los gritos del salón me sobresaltaron. Me giré y allí estaba mi hermana.

-¿Otra vez soñando despierta? –me dijo mientras levantaba su copa y me hacía un gesto de complicidad.

-Feliz año nuevo! -Respondí mientras me despedía del  sueño y del hombre del banco.

2 comentarios :

Juan Carlos Rodríguez García dijo...

Me ha encantado tu relato, eres toda una creativa.😘

Anónimo dijo...

Excelente historia! ¿Qué fue del hombre?

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...